La línea editorial de un medio es precisamente eso: una línea. Si uno monta esa línea sobre la otra, la cronológica, es fácil apreciar todas sus curvas, cortes y cambios de dirección. El Comercio de mayo de 1992 pensaba muy distinto de El Comercio de 1990, por poner un ejemplo evidente.
Pero ¿qué sucede cuando un medio tiene múltiples líneas que atraviesan múltiples canales y llegan a múltiples públicos, todo ellos muy específicos y a veces incluso contradictorios? Ése parece ser el caso de muchos bloggers. Cada post dibuja una línea, pero cada twitteo dibuja otra, muchas veces opuesta. Ni hablar del chat, el Facebook y demás herramientas del lobby 2.0. Es así como un mismo blogger puede venderse como especialista, amateur, periodista y simple ciudadano en menos de una semana y según convenga. Experto politólogo de escritorio y observador conectado con la calle. Periodista digital y geek libre de intereses comerciales. Todo se publica, y por eso todo termina formando la amalgama informe de algo que podría llamarse discurso.
Eso por el lado periodístico. Por el lado pecuniario, en cambio, sucede el fenómeno opuesto. En un diario como El Comercio es relativamente normal (aunque discutible) encontrar un reportaje contra los Sánchez Paredes y un aviso pagado por ellos desmintiendo todo lo de la página de al lado. Comprensible: el vendedor de publicidad no tiene o no debería tener contacto con el periodista de investigación, quien muchas veces se entera del anuncio cuando sale impreso.
Aquí el blogger, en cambio, centraliza funciones. Es casi siempre publicista, cajero, productor y editor, todo a la vez. Alegar que un aviso no condiciona la línea editorial, en estos casos, implica casi un diagnóstico clínico.

Me & Myself. Esto parece un desorden esquizofrénico del Autor.
El sistema del periodismo tradicional, aunque no nos guste, funciona mejor.
La separación de funciones es física, e incluso zonal (los publicistas suelen ubicarse en un distinto ambiente, lejos de la prensa).
En el blog de Ocram, por ejemplo, la división espacial es ambigua. Las entrevistas periodísticas y publicitarias se negocian con la misma persona. Y la tentación es grande.
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