Declaración de Derechos Digitales en el Perú

“Segundo principio: La privacidad y secreto de las comunicaciones son esenciales para los medios digitales.
Todos los ciudadanos tienen derecho a garantías plenas de privacidad, de secreto personal y resguardo de datos personal al usar la Internet y demás servicios y medios digitales, tanto de
parte del Estado como de los particulares que ofrecen dichos servicios y medios; todos tienen derecho a recurrir a instancias judiciales o administrativas para resarcimiento inmediato en caso de transgresión.”
… hasta el ministro Chang.
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Rumbo al Pisco 7.9

“me dan ternura quienes quieren ‘atrapar’ a twitter como red social o como medio. ni lo uno ni lo otro. es la web4.0”

–Morsa

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Maestría en Ciencia Política en la Escuela de Gobierno de la PUCP

La Mula, es decir, Ocram, le reclama a Oliver Stark por hablar de fascismo. No sabemos si el señor Stark es facho o no, pero no nos atrevemos a utilizar tan libremente la nomenclatura política. No con la libertad de espíritu con que la utiliza Ocram, por lo menos.

Para muestra un botón de enter en google que activa la búsqueda: facho + ocram.

Entre los muchísimos resultados, los primeros pertenecen al Comerrio, novel usuario de La Mula. Desde aquí pedimos ayuda para elaborar un análisis comparado de ambos discursos, el de Ocram y el de El Comerrio.

También pedimos ayuda para encontrar el original de este twitt uterino en referencia a la marcha de apoyo a los nativos del 10 de junio del 2009:

pasu. qué facha esta nota de @peru21pe… yo vi otra cosa

Evidentemente el diario aludido no es fascista. Lo que no deja de sorprender es la ligereza con la que un periodista (ya no digamos un politólogo en ciernes) utiliza los conceptos que tiene a la mano.

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Viejos vicios, nuevos mitos (a propósito del spencergate)

El sonado spencergate ha dejado el ruido y las nueces a otros affaires en la blogósfera, no sin antes colocar ciertas dudas sobre el tapete.  Para comenzar, es destacable –por inverosímil- que muchos bloggers, tuiteros y demás fauna digital digan no percatarse del conflicto de interés involucrado. Cuando para otros es evidente. Una de mis hipótesis, abierta a variadas aplicaciones, es que muchos de los trepados en la combi 2.0 se olvidaron de la carreta, el carruaje, el auto a vapor, el tranvía, el taxi. Creyendo que la indefinición e informalidad de este habitat los coloca más allá del bien y del mal. Interacciones sin regulación, convenciones por inventar o reinventar vuelven maleable el juicio. Pero hay cosas que apenas cambian, entre ellas la ética o lo que consideramos, en general, incorrecto.

Otro punto a resaltar fueron las reacciones del respetable. Algunos, tuiteros en su mayoría, reclaman su derecho a poner publicidad “igual que un medio” (expresada por el “osea que solo El Comercio puede”). Otros, entre ellos varios marketeros, acusan a quien critica de aplicar categorías que no corresponden al incondicionado ambiente 2.0 e intentan incluso dar cátedra: “no, así no funciona”, “esto se hace en otros países”. Así, unos reclaman igualdad de condiciones, y otros un lugar preferencial, un terreno purificado de conflictos. Curiosamente, a ellos se suman los periodistas 2.0 quienes esperan un lector pasivo, que no los cuestione, que los siga por su supuesta credibilidad intrínseca a la “independencia”, por esa pureza primaria que creen tener, ese complejo adánico de creer que son el nacimiento de algo nuevo que no ha sido tocado por los vicios tradicionales. En el fondo es la fascinación por la herramienta que parece renovarlo todo, hasta los vicios.

Creo que ambas reacciones son erradas. La primera por suponer, ingenuamente, la igualdad a un nivel inexistente. La publicidad se decide de modo distinto en un medio tradicional que en un blog (lo hemos dicho ya aquí y aquí). La segunda por olvidar una semejanza de fondo en sus fines: informar. En este aspecto, ambos bailan con el mismo pañuelo. Pero esta reacción evidencia además una especie de sentido común: el de la utopía de un mundo digital. La explotada “libertad de palabra”, la mentada “democratización de los medios” permanece subyacente e incuestionada. Aún cuando muchos de esos presupuestos han sido desmentidos por la práctica. Entre ellos que el blogger sea un escribidor libre e independiente, no contactado por los intereses que se escondan tras los grandes medios. No atado a Graña, ni los Romero, ni Telefónica, ni nada que nos haga sospechar de su buena pro. Y que precisamente esa “independencia” es su “valor agregado”, lo hace alguien confiable per se.

Por el contrario, hay más razones para la desconfianza y la suspicacia. Porque el compromiso del bloogger o tuittero -líder de opinión de turno- no es con ninguna causa mayor a su antojo. En el paroxismo del individualismo, él se jacta de no estar afiliado a partido, ideología, marca, o interés distinto al de sí mismo. Quedamos así a merced de lo que  le dicte su propio fundillo y sin parámetros para definir la información que nos brinda. En otras palabras, el aparente vale todo de los nuevos medios (su “libertad irrestricta”) nos libra de los límites, del contexto. Por el contrario, los medios tradicionales y sus intereses comprometidos nos trazan los parámetros en los que hemos de leerlos. Las líneas y sesgos de cada cual son conocidos. Nadie será sorprendido por una nota laudatoria. Finalmente, ¿cuánta confianza podemos depositar en que la información de Raulito, un tipo como cualquiera de nosotros, sea veraz e independiente? ¿No debemos someter a la misma suspicacia, o preferir aquellos que, saliendo del clóset, exponen sus filias y fobias? Probablemente. Por lo pronto, temo que hayamos encumbrado cuasi-mercenarios creyéndolos benefactores neutrales. Solo nos queda recordar que también la web es un producto humano, demasiado humano. Y que su inmaculada concepción no es más que un bluff que el oportunismo de algunos y la ingenuidad de otros alimentó por estos lares.

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Pequeñas grandes diferencias

1. El blogger sí sabe, con fecha y dimensiones, la pauta publicitaria de cada banner o aviso negociado directamente. El periodista no.

2. El blogger conoce, además, al agente de ventas, publicista, ejecutivo de cuentas  u hombre de prensa de la marca. El periodista no.

3. El blogger trata directamente con el anunciante. Como comunicador, dueño de su blog, relacionista público, productor y cajero. En un medio tradicional, una persona se encarga de una función. No de todas. Y el periodista no es el dueño de su espacio (he ahí la clave del conflicto).

4. Tradicionalmente, la publicidad se pautea por año o por mes. Los reportajes, en cambio, se coordinan cada día o cada semana. Por eso es absurdo pensar que el reportero de La República ha condicionado una nota para conseguir un aviso publicitario de Páginas Amarillas. En un blog, nadie sabe cuándo se pautean los avisos ni para cuánto tiempo. Solo el blogger está al tanto de esa información.

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Pregúntale al gurú

Hay una diferencia crucial entre la queja de Mario Vargas Llosa y la de Luis Carlos Burneo. Si bien ambas son contra Telefónica del Perú, la del escritor se publicó al lado de un enorme aviso de dicha compañía que abarcó toda la página 25 de la edición dominical del diario El Comercio. Para muchos, la coincidencia fue una manera de proteger los intereses del diario. Para otros pocos, fue una muestra de la pluralidad de El Comercio. Lo único indiscutible es que la publicidad y el periodismo son dos mensajes distintos que, en esta ocasión, fueron totalmente opuestos.

La explicación es sencilla. La publicidad la ven los ejecutivos de cuentas, quienes jamás comparten oficina (o a veces piso) con el área de prensa. Esto mantiene distantes ambos mundos, evitando así tentaciones y potenciales conflictos de interés.

El problema con los llamados nuevos medios, como dijimos en un post anterior, es que las funciones tienden a centralizarse. En un blog una sola persona (o un grupo mínimo)  cumple el rol de periodista, editor y coordinador, pero también de publicista, productor y cajero.

En un contexto así, la tentación intrínseca al multitasking es enorme. Sin testigos ni contrapesos de poder, la limpieza de la labor informativa termina siendo mero tema de consulta con la almohada.

Pero a los lectores no nos basta con eso. No es suficiente la buena fe que se le tiene a un comunicador que dice no tener bandera pero que jamás declara quiénes lo financian y cómo es que separa sus esquizofrénicas funciones.

La metáfora del pirata, que sí es un delincuente, es muy precisa. El pirata navega por internet de forma libre, errática, y velando solo por sus intereses. Sin defender ningún principio ni empresa mayor. Pero también con la libertad de actuar para el mejor pagador, izando la bandera que más le convenga y según la dirección de los vientos.

Por eso el lector Bobby Peru, tan idiota como para mirar el dedo que apunta a la Luna y no la denuncia en sí, ha decidido seguir el lema del gurú de Nextel, la simpática campaña de Inquba que dice “Conviértete en gurú, suma seguidores y listo”. Al entrar en su página web, el tipo del turbante te invoca de inmediato: “Pregúntale al gurú”.

Pregúntale al gurú (o blogstar, para ciertos efectos lo mismo) por qué utiliza un mismo e-mail para pactar sus publicidades y para recibir denuncias. Pregúntale también cuándo hará el balance del servicio que le han obsequiado. Confronta sus twitts con la marca de su laptop o netbook, con su celular o con su servicio de internet. Pregúntale a ese oráculo para quiénes trabaja o ha trabajado, y no dejes que te responda con adivinanzas. Pregúntale por su publicidad visible (los banners) pero sobre todo por su publicidad invisible (los regalos e invitaciones). Pregúntale cómo hemos pasado del culto al amateur al amateur inculto. Ohm, shanti shanti.

Porque no hay problema en hacer negocios en la red. De hecho, es una fascinante oportunidad comercial. Pero cuando uno se mete en el negocio de los contenidos y la información, las reglas de juego son otras. Avísenles (a los interesados):

Reclutando "líderes de opinión". (¿No que el trato diferencial era indignante, o solo si es Telefónica?)

Yo también quería mi pack playero. Aunque mis linkeos no son tan cotizados.

Más actualizaciones aquí http://twitter.com/Anil_Bindra

Todo parece haber cambiado tras el estallido de la primera mini guerrita comercial inter gurúes desatada por la muerte del archiduque Juan Carlos Luján (el balance de su trabajo para Telefónica se lo dejo a los doctores en marketing). Personalmente, creo que su gran pecado no ha sido trabajar para Telefónica, sino para Google. Eso jamás se lo perdonarán.

Lo único que rescato del outing comercial que le hicieron al señor Luján es su sinceridad para aceptar que sí, trabaja para dicha empresa. Al resto de gurúes, pues, solo hay que preguntarles.

Pd. Aquí la ronda de preguntas:

¿Con cuál de los dos LCB hablo para una denuncia? y ¿con cuál para un cherry? (caso para los marketeros: cómo pierde la confianza un cliente en solo um mes!)

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Se busca gurú. Razón aquí

Si el blogger ha muerto es solo porque el gurú ha nacido (en el discurso, se entiende). Porque el emblema del amateurismo seduce cada vez menos y el caos informativo reclama a gritos, una vez más, al experto que nos enseñe a ver el bosque y no solo los gadgets. Al oráculo que nos señale en 140 cc hacia dónde va todo esto.

Pero los vicios de la web 2.0 son difíciles de dejar. El ad populum y la falta de rigor, por mencionar solo dos. Por eso hay tantas clases de gurú viendo la luz (del monitor). En un ánimo colaborativo, hemos creado una breve taxonomía para facilitarle el trabajo a Google. Así no tendrá que revisar tantos CVs.

El gurú ad populum. Mitad community manager y mitad jalador de crazy combi, este pastor de los social media es también conocido como el gurú Pocho Rospigliosi. Él sabe lo que le gusta a la gente y no duda en complacerla. ¿Derechos de autor? ¿Ley de la gravedad? Que lo decida la sabiduría webera. Si 20 personas se lo piden él libera a Barrabás. Si 22 twitts le exigen una disculpa él la dará. La verdad, ya se sabe, es como bambú en medio de una ventisca.

El gurú nada está dicho / todo es posible. Internet es la caverna de Platón, el aleph, un laberinto de espejos, una biblioteca infinita sin centros, una cinta de Moebius, un maelström de información. Todo a la vez. Cualquier análisis es relativo y se va corrigiendo en tiempo real. En un tiempo que oscile entre 100 o 200 años. ¿El ipad será un éxito? ¿El twitter morirá? Sí pero no. El gato de Schrödinger está vivo y muerto a la vez, y este gurú cuántico solo puede predecir probabilísticamente.

El gurú de lo obvio, también conocido como el gurú de lo que ya sucedió. Identifíquelo por frases como “si no arreglamos los problemas estos no se solucionarán” o “los nuevos medios son distintos a los medios tradicionales”. Propenso a la tautología, este gurú es infalible. Cuando se le refuta responde: “¿ves? eso ya lo decíamos en este blog”.

El gurú la herramienta lo es todo, también conocido como el gurú techie (dícese también de un dialecto que ha popularizado anglicismos como “prosumer” u “common source”). Es un fetichista. Siempre pendiente de la herramienta o aplicación de moda, del adminículo multitasking a adquirir. Para él, cada gadget que aparece pone de cabeza el mundo (más o menos cada 2 días) y renueva la posibilidad de la utopía cumplida. Pero rápidamente pasa a la historia. Porque todo ya fue para el adicto a lo nuevo (“es solo un iphone grande”). Todo emociona y se olvida con suma facilidad para un gurú subsumido en la religión del inmediatismo. No hay teoría ni ideas. Pero hay tabletas.

El gurú mayo del 68, el que quiere llevar la imaginación al mouse. Él encabeza todas las causas facebooks y cree que la blogósfera es el ágora ateniense. El analista político de twitts confía en el chorreo de las redes sociales, en el empoderamiento de las minorías de a click y en la democracia absoluta. La web 2.0 como una gran comunidad hippie. Amor, paz y enlaces.

El gurú la decadencia de occidente, con su variante el gurú todo tiempo pasado fue mejor y su subespecie el gurú volvamos a los linotipos. Este grupo taxonómico propone una quema de kindles en un mundo sin bibliotecas. Ama el papel periódico, couché y bulki. Mientras, el mundo vive la distopía de Huxley o la de Bradbury, pero mal escrita.

Sin más, bienvenidos al Perú, amig@s ejecutivos de Google.

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