Rebotología comparada (tres casos para Zavalita)

Recuento sintomático en tres partes de un espacio-tiempo que solía ser mejor, o eso creí yo.

El poder del rebote y la presbicia del respetable


Superblogstar

Superblogstar


¿Es un blogger? ¿Es un periodista? ¿Es un pájaro o un avión? Sin duda es el blogstar más popular, y algún mérito tuvo durante aquella época dorada a la que Bloodyhell  alude en su post “Blogósfera peruana 2008: el fin de la inocencia” y a la que la columna dominical del poderoso de Apoyo rinde “homenaje” (ver última línea). Si los medios tradicionales y la gente notable ven en él al homo webero por excelencia no es gratuito. Ocram cautivó y cautivó a cierto público joven adverso o indiferente a la actualidad. Y a la par empezó a ser la punta del iceberg (dice el post referido) reconocible para el mundo real y adulto. Los notables pudieron decirse: si lo entendemos a él, entendemos todo este asunto de Internet. Insumo nada desestimable con miras al 2011.

“Sirvo como un puente entre(sic) la brecha generacional” dice él en Perú Económico. Labor que cumple rebotando a periodistas y líderes de opinión y presentándolos en vistoso y comprimido paquete. Lo que, paradójicamente, más que ser un mérito es solo una autoconfesión: él perpetúa la brecha. Ni incita la lectura de las fuentes de opinión a las nuevas generaciones -habitantes de la inmediatez-, porque solo se lee lo que linkea, a quien linkea y cuanto linkea indirectamente. Ni muestra el mundo plural, variable y heterogéneo de la web. Porque para que haya puente exitoso tiene que haber brecha. ¿Notable ingenuidad de los notables? De otro modo, es incomprensible que se premie una forma soterrada y compleja de parasitismo, que es en lo que se ha convertido gran porcentaje de las prácticas en la blogósfera.

La futilidad del derecho al rebote


Blogstar defendiendo su derecho al rebote

Blogstar defendiendo su derecho al rebote

No menos extraño (y no menos ingenuo) es que se quiera sancionar el rebote. El asunto no es linkear o no linkear, como no era twittear o no twittear. Esta es una discusión infértil. El único que puede poner límites al linkeo es el linkeado, el autor original. Y el intento de resguardar algo como “el derecho al linkeo” es totalmente fútil. Porque semejante actividad no necesita resguardo, y ello porque linkear no es ninguna hazaña ni un acto contestatario (al menos no en las actuales circunstancias). Haría bien Godoy en pedir a sus amigos y pares que no lo defiendan tanto. Más daño le hacen y peor parado lo dejan. Porque con tanto “él no hizo nada, él solo linkeó”, de analista –llamémoslo así- tiene cada vez menos y de robot Google cada vez más.

Si no necesitamos un mártir del linkeo, ¿es Godoy nuestro abanderado de la libertad de expresión? Ya quisiera. Más bien, ¿no son usuales en el periodismo las querellas judiciales por contenido vertido en páginas y canales? Lo son, de Zileri a Hildebrandt, pasando por la Chichi Valenzuela para quien trabajara el hoy blogger del Útero. Y cada vez, cada quien las enfrentó con la responsabilidad de quien sabe hecho su trabajo y ha aprendido a dar la cara sin mayor aspaviento (como lo recuerda A. Mariátegui). Porque nada de injusta o amordazadora tiene una demanda que cualquier ciudadano que se cree difamado está en facultad de presentar. ¿Razones para el barullo? Autobombo y exposición, quizá.

La acusación de Mufarech no tiene pies ni cabeza suficientes para pedir 1 millón de dólares. Pero tampoco los tienen las teorías de la mordaza deslizadas estos días, pues el fallido proyecto de ley del APRA nada tenía que hacer con esta demanda particular: la ley no es retroactiva. Y eso Godoy, abogado, debería saberlo. Finalmente, convertirse en mártir de la justicia es lo mejor que le puede pasar a JAG y lo más banal para nosotros. Atrás parecen haber quedado años más lúcidos del periodismo.

Enseñando a rebotar: la mediatización de la academia


universidad 2.0
“Universidad 2.0 será solo un holograma”

En el GCC se armó tremenda discusión al respecto, pueden verla aquí. Como me quedé con ganas de más, ahora me autopregunto y me autorespondo:

-“¿No será tanta crítica otra febril muestra de ese virus verde que es nuestro estandarte nacional?” Me adelanto a responder una acusación frecuente: no. Se ejerce la crítica, no la envidia, ni el encono. Porque es desconcertante para la enseñanza que personajes que no se hallan capacitados sean los reclutados. Porque sin duda hay gente en cola capacitándose para ocupar algún puesto similar (el camino académico suele ser largo y ascendente). Porque el mensaje a los colegas profesores es inconsecuente y para los alumnos contradictorio. No, no es que la universidad –y esta en particular- garantice ser la meca del conocimiento. Pero ello no sustenta la floja y falaz réplica de algunos: pero si hay profes que no enseñan nada. Las deficiencias no avalan deficiencias. Ni nos inhibe de exigir la meritocracia correspondiente.

– “¿Es que acaso solo los PHDs pueden enseñar, Sr. Académico?” Con esto te dicen “elitista”. Pues sí, así se maneja la enseñanza. Ya, tampoco es indispensable el PHD, o el Master, aunque sería preferible. (La licenciatura no es un grado académico sino una licencia del estado). Pero algo tiene que sustentar la contratación: libros publicados, artículos, trabajos de investigación, proyectos, conferencias o clases previas. Esto podría sustentarlo como especialista. Las columnas dominicales solo muestran carestía, temas mal tratados, vacíos teóricos, un discurso 2.0 zurcido y remachado a la carrera. El Útero era un periodismo instructivo, interesante y ameno. Pero no un gran proyecto de comunicación (política). Entonces, ¿de dónde? Quienes lo contrataron debieron ver más allá de lo evidente.

– “¿No puede el nuevo profe hacer una clase recurriendo a especialistas, presentar los temas con bibliografía pertinente, aunque no sea de su autoría?” Desde luego. Pero qué probabilidad hay que estos temas sean presentados con la bibliografía pertinente. La que ahí se consigna difícilmente responderá a asuntos como “Breve historia de la cholósfera y sus derivados” o “Twitter y otras aves de paso” o “Feeds o muerte” o incluso “Software libre. Open source”. Y para ello, veleidades del destino, tendrá que recurrir a sus nunca bien ponderados amigos-especialistas (ungidos por él mismo). El Morsa ya habló como especialista sobre el caso Massé. Godoy espera su turno. El caso de adopta un congresista y la actual querella Mufarech son los fijos: “Repercusiones reales” y “Los políticos en la brecha digital”, listo, 4 horas lectivas completas. Impartir lección sobre términos creados por mí y mis amigos como si fueran nuevos conceptos de la comunicación política, no es el tipo de clase que esperaría en un pregrado. Felizmente a mí no me tocó.

Acabado el recuento, se rastrea en él el ad populum. Cantidad deviene en calidad. La masa santa y sagrada entroniza, eleva al martirologio nacional o da las credenciales de otro modo esquivas. Constatación que no calma sino ahonda la ineludible duda que -como antes a Zavalita- acompañó mi angustiado teclear: ¿En qué momento se jodió el Perú, de nuevo?

* Imágenes tomadas de http://heduardo.blogspot.com/2009/08/super-ocram-y-la-kriptonita.html, http://tommigee.blogspot.com/ y http://www.innovasocial.com/2009/04/youtube-edu-la-universidad-20/ respectivamente.
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2 comentarios

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2 Respuestas a “Rebotología comparada (tres casos para Zavalita)

  1. Bobby McGee

    Todos se creen especialistas. Tú eres la prueba.

  2. Y felizmente a mí tampoco me tocó porque acabé la carrera antes de que sus autoridades llegaran al extremo de poner a Sifuentes como profesor, pero sí que duele ver cómo algo en que creíste termina así.

    En fin, el ciclo en la PUCP ya comenzó y tenemos uterismo universitario para rato.

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